lunes, 13 de enero de 2014

Lo que necesitamos


¿Cuántas cosas necesitamos…ahorita, en este preciso momento? ¿Muchas, pocas, nada? Creo que siempre necesitamos algo, material, emocional, espiritual, no sé, siempre nos falta algo para sentirnos plenamente felices, realizados. Me acuerdo que alguna vez le preguntaba yo a una persona que la consideraba mi asesor espiritual: ¿qué le debo yo pedir a Dios? Y él me contestaba: pídele que te dé lo que El sabe que necesitas. Y han pasado los años desde entonces. Cometemos error tras error, nos equivocamos cada día de nuestras vidas y al final (si es que) nos damos cuenta que pedimos de todo, menos lo que deberíamos pedir, es decir: lo que necesitamos.

 A veces sólo se necesita una oportunidad para acomodarse en un buen empleo; a veces solo se necesita que a uno le escuchen; a veces con solo escuchar una canción nos cambia el estado de ánimo. O quizá a veces necesitamos que nos den una buena zarandeada para poder entender que estamos como estamos porque somos como somos. Siempre nos creemos que todo lo sabemos, que los demás son unos ignorantes; nos creemos sabios o emocionalmente inteligentes. Si supiéramos qué pedir y cómo, nos daríamos cuenta que todo es infinitamente perfecto con o sin nosotros. Que el sol sale, queramos o no; que se hace de noche (porque es natural que así sea). En fin, que la Naturaleza es perfecta y no nos necesita. No reflexionamos en que somos una partícula del universo. Que hoy estamos y mañana quizá nadie se acuerde de nosotros. Que somos demasiado soberbios para darnos cuenta que debemos pedir cada día lo que necesitamos…¿para qué? Para ser felices, nada más. En el pedir está el dar.

Por eso amigos: aprendamos a pedir y sobre todo, pidamos que se nos llene el corazón de amor. El amor es lo que mueve al mundo, lo transforma, lo hace adecuado para seguir viviendo en él a pesar de todas las adversidades…después de eso, podemos pedir: “lo que necesitamos”.





 

 

jueves, 2 de enero de 2014

Esperando lo imposible



Muchas veces esperamos que las personas cambien y nos den el gusto de verlas como nosotros quisiéramos que fueran……… pero nos quedamos esperando; no todo mundo puede ser a nuestra entera satisfacción. Empezando por los mismos miembros de nuestra familia: nuestro marido, hijos, hermanos; etc., etc… mucho menos todos los demás que nos rodean y así, se establece que quizá deberíamos ser más tolerantes.
¿Cuál es el motivo por el que queremos que ellos cambien? Quizá porque no somos iguales. Si lo fuéramos, creo que sería muy aburrido. En la variedad está el gusto. Imagínense si todos fuésemos güeros, si todos vistiésemos con camisas de cuadros, o tuviésemos el mismo tipo de carros o casas…..quien sabe cómo sería aquello. Pero aparte de los aspectos físicos o materiales que debemos respetar, están los otros aspectos, los que no se tocan pero pueden sentirse, como son los religiosos, los morales, los espirituales, motivos muy controvertidos y muy peleados…..ahí tienen a los hermanos del otro continente que matan a los que no piensan como ellos.
En fin, creo que lo único que debemos tratar de cambiar en los demás son los aspectos negativos de su conducta, los que dañan a los demás y a ellos mismos. La pereza y ociosidad, la irresponsabilidad, la violencia, el odio, la discriminación, la avaricia, la corrupción, la soberbia y todos los otros vicios que me faltan y que son bastantes.

Empecemos este 2014 con nuevos propósitos: el de cambiarnos a nosotros mismos para ir creciendo en lo espiritual aportando con nuestro granito de arena y  nuestro ejemplo a la reconstrucción de un mundo más humanizado y menos materializado. ¡Feliz año nuevo!               

martes, 17 de diciembre de 2013

Otra vez Navidad









 

Hay gente que dice que el tiempo de la Navidad no le gusta, que le parece triste, melancólico, aburrido. Y yo creo que cada quien ve las cosas según su propio sentir o sus propias emociones de “ese” momento.

Posiblemente en alguna Navidad se le murió un ser muy querido; quizá el marido no estuvo allí, o la abandonó precisamente “ese” día; quizá esa o esas personas estuvieron muy solas esos días de alegría y bullicio para el resto de las otras. Pero es imposible que los demás sepan cómo se siente todo el mundo si no se hacen presentes en la sociedad. Los que sufren, los que están solos o deprimidos, los que tienen hambre, los enfermos, los muy pobres..¿dónde están? A veces estamos enseguida de ellos y no nos percatamos; a veces nos los encontramos en algún lugar y los ignoramos por la prisa que llevamos en reunirnos con los nuestros.                                                                                       

La Navidad es celebrar cada año el nacimiento del Hijo de Dios, el nacimiento de Jesús-Niño-Dios……nuestro redentor. Aquél que no tenía un lugar donde nacer y que el mundo ignoró y crucificó, no tenía dinero, ni casa, ni afecto. Si naciera ahorita, seguro que nos apresuraríamos a ofrecerle nuestra casa y le arreglaríamos una habitación lo más bonita posible, con aire acondicionado y calefacción; es más, le pagaríamos el Hospital a María, su madre. ¡Claro! No faltaría el Baby shower antes del alumbramiento….y si supiéramos quién es el que va a nacer, lo publicaríamos en todos los periódicos. Pues bien amigos, les tengo una noticia: todo eso que pensamos que haríamos es lo que debemos hacer hoy y siempre. Preparar la casa de nuestro corazón, nuestro espíritu de la mejor manera que sabemos, adornándolo lo mejor posible con nuestro comportamiento diario, nuestro servir diario y nuestras buenas obras. Eso es acondicionar “esa” habitación para recibirlo y hacer su estancia en el mundo menos dolorosa. Salir de ese egoísmo nuestro que no nos deja pensar en los demás, sólo en organizar todos los detalles de este próximo 25 de diciembre para estar alegres, bien comidos, bien bebidos y bien calientitos en casa.

Preparémonos de veras para que el Niño Jesús nazca en nuestro corazón, lleno de abundante amor…¿qué mejor regalo que éste?
Vamos pastores, vamos, vamos a Belén; a ver en ese niño la gloria del edén; a ver en ese niño la gloria del edén...............

lunes, 9 de diciembre de 2013

La realidad


Desde que nacemos nos preparamos para hacer frente a todos los problemas que se nos van a presentar…¿no es así? Cuando somos adolescentes nos preparamos para enfrentar los retos que nos van a seguir durante la juventud; cuando somos jóvenes nos preparamos para cuando seamos adultos…..porque ya vamos viendo todos los serios problemas con los que nos vamos a enfrentar, desde la propia manutención hasta nuestra total independencia, seamos hombres o mujeres….ya hoy por hoy, no hay distinción…..al rato, las mujeres quizá mantendrán a los hombres…quien sabe.

En fin, si llegamos a viejos nos daremos cuenta de lo poco o mucho que logramos hacer a través de la vida; los triunfos o fracasos, las derrotas o victorias, el amor o desamor, la pobreza o la riqueza que obtuvimos con nuestro esfuerzo. Lo que compartimos y lo que no; lo que guardamos para el futuro y los resentimientos que aún conservamos en el corazón. Pero a algunos, no nos gusta hablar de la muerte, de lo que vamos a dejar cuando nos vayamos definitivamente de este mundo pero….esta es la triste realidad. Vivimos con la muerte cada día, porque la vida nunca es segura: la muerte sí que lo es. Algunos dirán:
 ¡qué pesimista!.....Yo diría: ¡qué realista!

Y en serio. ¿Quién se ha puesto a pensar en ello? Seguramente los más sabios de entre nosotros. Esta es la realidad. ¿A quién le vamos a dejar nuestras cosas más preciadas? ¿Nuestra casa, nuestros libros, nuestra ropa, nuestras joyas, nuestros muebles, etc., etc.? ¿Hemos pensado en eso? No………..estoy segura de eso. ¿Qué haremos al final de nuestra vida? Sería bueno recapacitar en ello. Perdonar a quien nos ha ofendido. Aclarar malos entendidos. Según sea como queramos que nos recuerden, así debemos proceder. Y empezar a ponernos en paz con nosotros mismos y sobre todo, perdonarnos por todos esos errores cometidos y ver si podemos resarcir en algo el daño que hemos causado voluntaria e involuntariamente. Y para todos, creyentes o no, pedir perdón a Dios por nuestra indiferencia, olvido, rechazo u odio hacia El; por lo mucho que lo ofendimos a través de nuestra vida y confiar en que El que es todo amor…nos recibirá con los brazos abiertos. Esta es la realidad.



                                               

                                                         

jueves, 28 de noviembre de 2013

Los escépticos





Recientemente se han estado produciendo series televisivas de terror, de muertos que caminan, de fantasmas, en fin, de cosas relacionadas con lo paranormal, es decir, lo que va más allá de lo normal. Y bueno….a nosotros nos gusta asustarnos porque eso nos divierte. Y vemos las películas con escepticismo e incredulidad y aunque disfrutamos el momento, no dejamos de tener “miedito” a las horas de la noche. No creemos en nada ya….somos escépticos. Necesitamos “ver para creer”.

Los suicidios, los secuestros, las violaciones, los crímenes, las adicciones son eso precisamente: algo que no es normal. Esos horrores que padecen las víctimas y que son causados por los “poseídos” por el mal, son consecuencia de la incredulidad de la mayoría de nosotros. Si hoy bajara Jesucristo del cielo, sin duda lo televisarían al momento, le pedirían un análisis de su ADN y la NASA enviaría a sus científicos más renombrados, ¿para qué? Para comprobar que El es el hijo de Dios y como tal debe poseer un sinfín de cualidades prodigiosas que le permiten realizar milagros…y luego…. ¡quién sabe qué sería del pobre! Aunque resucitara a un muerto no creeríamos en El. ¿Por qué somos así? Somos escépticos o incrédulos por naturaleza o más bien, por nuestra mala naturaleza corrompida por voluntad propia. Si la maldad fuera tan sólo “un concepto” y no una realidad tangible, no habría problema…pero no lo es. Ojalá lo fuera para que “a la hora de la hora” no nos tiemblen las piernitas…..y entonces creamos que la maldad sí existe y está presente donde se le solicite.

Qué bueno sería que los productores de películas o series para televisión opten también por hacer algo en beneficio de la gente…..que muevan los corazones, que al ver esas películas queramos, al final de ellas, ser más buenos, más generosos, más leales, más justos. Dejemos el escepticismo y creamos en lo bueno y en lo malo también.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Desde mi punto de vista............




Han sido tantos y tan diversos los lugares donde he vivido, que podría decir que soy hija de esta patria….o que mi hogar es el planeta Tierra. Y sí, la Tierra es el lugar donde vivimos los que nos llamamos humanos, aunque pareciera que no es así. Nos fue regalado este grande y maravilloso mundo para que lo habitáramos y lo compartiéramos, pero nunca lo entendimos así. Pensamos que hemos trabajado mucho para conseguir lo que ahora es nuestro. Y que a los demás no les ha costado mucho sacrificio hacerse de algunas herencias o de algunos negocios prósperos….quizá por eso defendemos “como perros” nuestras propiedades.

Igual es cuando pensamos y hacemos cosas que creemos son buenas y productivas, o cuando nos enojamos porque otros pasan por sobre nuestra manera de pensar y de sentir. Esto me recuerda la frase de “mirar sólo la paja en el ojo ajeno”…….es decir, no ver nuestros errores y defectos, sino solo los de los demás. Es muy difícil mirar hacia adentro. No tenemos ojos interiores ¿o sí?.......Me ha tocado en suerte ver muchas injusticias gracias a esto precisamente. Cada quien piensa que tiene la razón y defiende su particular punto de vista….lo demás no importa. Y juzgamos duramente a los que de veras tienen la razón, porque así nos conviene. Porque solo lo nuestro importa, nada más. ¿Por qué somos así?

He  visto cómo muchachitos de tan sólo 15 ó 16 años han golpeado brutalmente a policías que cumplían su deber de salvaguardar la seguridad del público…..¿es que sólo ellos tienen derechos? ¿Y los policías, no son humanos? Ellos también tienen familia, chicos en edad escolar y trabajan por el pan diario. Pero estos bárbaros juveniles se amparan bajo las multitudes que protestan, quizá por una causa justa, eso no lo sé. Gente que está enojada o frustrada o limitada económicamente…gente que desquita su coraje golpeando a los que representan la autoridad. No les gusta que les digan qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo…..pero no se han dado cuenta que son unos niños (socialmente hablando) y que a los niños se les debe conducir de la mano. Si fueran adultos y adultos conscientes, no habría necesidad de tanto policía en esas manifestaciones.

Por esto, desde mi particular punto de vista, urge que nos comuniquemos con nuestros jóvenes. No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy.

martes, 12 de noviembre de 2013

En familia con los nietos





Dado que soy abuela desde hace rato, me atrevo a comentar algunas de las cosas que me han pasado. Cuando mis primeros nietos aparecieron en la escena de la vida, nos sentimos rejuvenecidos y realizados. Pensamos que ya todo estaba hecho y que solo nos restaba cuidarlos de vez en cuando, quererlos mucho y mimarlos. Nunca sabe uno las vueltas que da la vida y no sabes si tienes que volver a practicar las peripecias de cambiar pañales, de arrullar bebés, de desvelarte, de dar consejos sobre cómo quitarle los cólicos a los recién nacidos y un montón de cosas más que la nueva mamá desconoce. Tampoco sabes si algún día no muy lejano te tocará quedarte con ellos un fin de semana, unos meses, unos años o el resto de tu vida; obviamente de tu vida, no de la de ellos.

He conocido y tengo amistad con algunas personas de mi edad que son también abuelas como yo. Algunas cuidan a sus nietos noche y día porque la hija se divorció y el papá ni sus luces. Otras se ocupan de ellos toda la semana porque los papás trabajan y no hay dinero suficiente para pagar a alguien que los cuide. Otras abuelas más afortunadas reciben la visita de sus nietos el fin de semana y allá va el abuelo a comprarles sus golosinas favoritas. En fin, nietos van, nietos vienen y nosotros nunca dejamos de preocuparnos por todos ellos. Algunos crecen con un buen recuerdo de los abuelos, otros no tanto.

Sin embargo, creo que a pesar de todo lo que hagamos por ellos, nunca nos agradecerán lo suficiente. Y jamás debemos esperar agradecimiento de su parte, porque pienso que así también fuimos nosotros con nuestros abuelos. No desagradecidos pero sí olvidadizos. Pensamos que ellos tenían la obligación de cuidarnos, de mimarnos, de pasearnos o de comprarnos cosas. Que tenían también la obligación de autorizarnos a hacer aquellas cosas que nuestros padres no nos permitían hacer. Lo que sí debemos tener presente es qué clase de recuerdo deseamos que nuestros nietos guarden respecto de nosotros. Respetar las reglas que les establezcan sus padres, nuestros hijos, y hacerles sentir que los amamos, sencillamente porque son nuestros nietos.