lunes, 16 de septiembre de 2013

Hombres.... ¡crezcan!


Para madurar y crecer como personas adultas es necesario a veces, alejarnos de los seres que amamos. Porque nos damos cuenta que al seguir a su lado, estamos condicionados, limitados o dependiendo de ellos. Sin embargo, hay personas que nunca crecen. Simplemente cambian de ubicación pero siguen siendo los niños dependientes de las decisiones y apoyo de otros. Y a propósito, me preguntaba por qué algunos hombres se casan con mujeres mucho mayores que ellos o mujeres con un carácter difícil. Pienso que ellos buscan la figura “materna” que los guíe, que los cuide y los autorice a seguir “traveseando” por la vida. Quizá por eso, muchos de ellos no pueden ser fieles. Se resisten a ser “sometidos” por aquella figura que representa su mujer. Se refugian a la vez, en la seguridad que les da aquella mujer gritona, altanera, violenta o quizá hasta golpeadora. Después de todo, ellos siguen sintiéndose “infantes”.       

No amigos. Para ser felices se necesita algo más que una mamá sustituta. Se necesita valorarse a sí mismos plenamente como hombres de una sola pieza y no justificarse aduciendo una serie de necesidades artificiales. Valientes e inteligentes, capaces de formar una familia normal al lado de una mujer íntegra que les ofrezca no sólo su cuerpo sino también su disponibilidad, su actitud de servicio, su lealtad, su prudencia y obviamente, su amor incondicional. Empezar a independizarse cuanto antes de aquellas personas que todo les solucionan, haciéndolos más “comodinos” y más irresponsables. Hacer conciencia de que la pareja que necesitan es una persona que además de comprenderlos, los acepte tal cual son y los ayude a madurar sin tratar de manipularlos. Ese es el verdadero fundamento y base sólida para edificar una familia. Dos que se amen, que se apoyen, que se comprendan y se retroalimenten espiritualmente. Así que: hombres….¡crezcan!

sábado, 7 de septiembre de 2013

Los desesperados


Nosotros no sabemos muchas veces por qué razón pasan las cosas, sobre todo las que nos dejan con mucho dolor, como la pérdida de un ser querido, por ejemplo.

He estado presente en algunas ocasiones con personas muy desesperadas e histéricas por haber fallecido alguno de sus parientes. Y llega a tanto su dolor y desesperación, que terminan odiando a todo mundo y echándole la culpa de sus desgracias. Tal fue el caso de una señora amiga mía, hasta entonces. Su esposo fue asesinado en la puerta de su casa y en ese momento, ni ella ni su familia estaban con él. Todos quedamos sorprendidos y consternados por el suceso y juntos lloramos por la pérdida de ese ser tan querido por todos nosotros. Sin embargo, ella fue alejando poco a poco a todos sus amigos, incluyéndome. Sentía que de alguna manera, todos éramos culpables de su dolor. Y la amistad terminó.     

Y así es. Cuando nos acontece alguna desgracia, culpamos a todos por aquello. O peor aún: pensamos en un Dios injusto, vengativo, indiferente o manipulador. Ni nos enteramos que Aquel por quien fuimos creados, está a nuestro lado, llorando y sufriendo a la par con nosotros. El hombre fue creado con su propia racionalidad y libertad. Y todos los que habitamos este planeta gozamos de esa capacidad de elegir. De manera que, si alguien viene a mi casa decidido a terminar con mi vida ¿qué puedo yo hacer? Sin duda, defenderme. Pero ¿y si me pesca por sorpresa? Y esa persona es tan libre de empuñar un arma y violentar a todos los que quiera. Por este motivo y muchos otros, fueron creadas las leyes civiles, morales y religiosas: para respetar el límite propio de cada persona. Mi “yo” termina donde empieza el “tu”.   
Conscientes de estas verdades dolorosas pero necesarias, no debemos desesperarnos ante las desgracias antes bien, debemos empezar de nuevo a reconstruir lo destruido, empezando por nuestros propios sentimientos. Si se sufre de abandono, abuso, muerte, despojo, es necesario recordar que la naturaleza tiene sus propias leyes y nada ni nadie la detendrá cuando castigue a los corruptos, ladrones, secuestradores, homicidas y todo tipo de malhechores y abusadores. No culpar a nadie y hagamos como los pajaritos cuando el viento o la lluvia destruye sus nidos: vuelven a empezar. O cuando las aguas barren con las viviendas de las hormigas o de los castores….¿lloran acaso o se desesperan? No. Vuelven a empezar. No desesperar nunca. Acudir ante Aquel que todo lo puede y obtendremos consuelo y bendiciones en abundancia. “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor".
 
                                                                  

 

domingo, 1 de septiembre de 2013

La Reencarnación

                                  

Si para los que creen en la reencarnación o metempsicosis existe una vida feliz más allá de nuestra existencia terrena, quisiera preguntarles: ¿dónde estarán en este momento sus padres o familiares difuntos? ¿Estarán en el siglo XXX, en Africa, en México o en donde? Si existe la reencarnación ¿Con quién estoy viviendo ahora? ¿Con mi enemigo del siglo pasado o será mi bisnieto este esposo mío? Si el espíritu de tales personas se desencarna y se vuelve a encarnar ¿cuál de ellos entrará al cielo: el primero, el segundo o el último? ¿Y qué será de los últimos que se han revestido hoy en la mañana de esa misma carne? ¿Y cuál de ellos comparecerá en el día del Juicio Final?

No amigos, no se hagan ilusiones. Hay una sola vida para ser vivida, bien o mal. Los muertos no regresan. Las teorías de hace 20 siglos aún perduran para los que viven en la ignorancia. Tal parece que le ponemos límites al poder absoluto de nuestro Creador. Que usa y re usa los espíritus como mercancía rezagada para sacarla nueva y nos olvidamos que somos hombres con un espíritu que resurgirá para la vida eterna. Este espíritu nuestro fue creado una sola vez y ya no se destruye.

¿Por qué tiene alguien qué pagar hoy las culpas de un antepasado? Ninguna opción es válida para desviar el verdadero y único camino, ninguna teoría filosófica lo es. No hay que destruir con racionalismos humanos lo que es una sola verdad. No convirtamos en blasfemia y sacrilegio nuestra fe ni nos dejemos envenenar por esas falsedades. Enderezar nuestra vida y corregir el rumbo de nuestra conducta debe ser la meta a seguir. No nos compliquemos la vida. Alimentemos nuestra conciencia con el espíritu de la verdad y la justicia y mantengámonos firmes en ellas.

sábado, 17 de agosto de 2013

¿Quién no necesita una mamá?


 En la vida de toda persona, la figura de la mamá es indispensable. Cuando pienso en eso, me doy cuenta de lo importante que es no tener una a nuestro lado, Necesitamos una mamá cuando somos bebés, al 100 por ciento. Dependemos completamente de ella, para alimentarnos, vestirnos, movernos o para darnos un golpecito en la espalda y sacarnos el aire que se nos formó en el estómago por causa de la inmadurez del mismo. Empieza el desarrollo propio del niño y la necesita para aprender a caminar, a desplazarse de un lugar a otro, para tomar la cuchara, para aprender a hablar y en fin, para un sinnúmero de cosas o habilidades aún no desarrolladas. Cuando somos adolescentes, aún la necesitamos para que nos prepare la comida, nos sugiera qué ropa se nos ve bien, para que nos arregle todo lo concerniente a nuestras cosas diarias, ropa, libros, zapatos, para que nos lleve a algún lado donde nos esperan los amigos, y luego para que nos recoja horas más tarde. Para que nos consuele cuando llegamos desanimados de la escuela o cuando alguien nos rompe el corazón. ¿Qué nos dice? Que todo va a estar bien, que no nos preocupemos, que somos lo más hermoso del mundo y lo más valioso.

 

El valor de la mamá casi siempre se mide por su esfuerzo diario de servirnos cada momento de nuestra vida, olvidando que ella también tiene vida propia. Creemos que gira y gira alrededor de nuestras necesidades y la de los demás de la casa. Inclusive hay ocasiones y muchas, que al casarnos quisiéramos que estuviera cerca de nosotros o viviendo allí con nosotros, aconsejándonos para saber qué hacer y cómo hacerlo. Ella sí que es hábil en solucionar todos los problemas económicos, morales, emocionales, psicológicos y demás. La mamá la hace de todo, por eso es la “ todóloga” por excelencia. La mamá es la mujer que tiene superpoderes, que puede arreglar cualquier problema. El papá lo sabe muy bien, por eso está seguro de ella, de su compañera. Está confiado que su familia y su hogar están custodiados por el guardián perfecto que es su mujer.

Unas cuantas flores siembro aquí para todas las mamás del mundo. Sé por experiencia, que nuestra sociedad camina hacia adelante porque las mujeres estamos en este mundo. Las mamás mueven el mundo, lo organizan y lo sensibilizan. Por algo son las guerras, la violencia, las muertes, porque falta la mano de la mujer, la orientación que la mujer debe darle a todas las cosas. ¿No son todos los ciudadanos del mundo hijos nuestros? ¡Cuánta falta hacen las mamás!

miércoles, 14 de agosto de 2013

Durmiendo con el enemigo


Yo siempre había pensado que todas las parejas que veía tomadas de la mano eran felices y me sentía triste sobre todo, cuando mi esposo me dejaba sola con mis hijas para irse a trabajar a otra ciudad. Envidiaba a esas parejas por el hecho de verlas unidas así, tan románticas, tan llenas de amor. Yo no sé si al llegar a su casa empezaban a gritarse o a tratarse mal, pero no pensaba en eso. Sin embargo, yo también experimentaba esa felicidad que se siente cuando llega tu amado y estás acompañada de nuevo. El problema era que cuando discutíamos por algo, nadie quería ceder y los dos queríamos tener la razón, aunque generalmente era yo la que cedía….aún no sé si por amor, si por no alargar la discusión o por qué.

Siempre uno de los dos debe ceder, tenga o no la razón ¿Para qué malgastar el tiempo discutiendo por cosas que muchas veces no tienen importancia? Cuando uno de los dos cede, el problema se acaba. Aunque si el otro tenía la razón, el tiempo se inclinará a su favor y los hechos también. Lo que siempre recuerdo es que cuando me casé, el padre nos habló de no dormirnos sin habernos perdonado antes; así que yo muy obediente siempre cumplía ese propósito. Pero una vez, bueno, muchas veces sentí que yo tenía la razón y no entendía por qué siempre tenía que ceder. Bueno, ahora lo sé. El amor de una pareja consiste no solo en tolerar los defectos del otro, sino amar esos defectos….¿por qué? Porque así debe ser. El amor todo lo disculpa y todo lo soporta. De no ser así, ¿no nos habríamos divorciado ya? Creo que no existirían familias.

Durante años y años sentí que dormía con mi enemigo. Enemigo porque no me aceptaba tal como yo era. Luego comprendí que esa era su forma de amarme. Es difícil ser la amiga del enemigo, sobre todo con quien duermes diariamente. Dice un dicho “si no puedes con el enemigo, únetele” y yo así lo he hecho. Ahora cuento con él, me siento feliz y sé que mi mejor enemigo es con quien duermo y a quien amo, a quien perdono por sus errores y quien come de mi mano, porque sabe que no hay mejor compañía que la mía y la más confiable. Porque sabe que aunque discutamos y no logremos ponernos de acuerdo, siempre habrá amor, mucho amor.
 
 
 
 
 

lunes, 22 de julio de 2013

El tiempo y la eternidad


Si midiéramos el tiempo, no el de las 24 horas, sino el que no podemos ver pero sí experimentar, sin duda que nos daríamos cuenta que nuestra existencia sería como una hora del resto de la eternidad. Y si vivimos una hora solamente ¿no es demasiado poquito? Pero fijándonos bien, el tiempo transcurre y nada ni nadie lo detiene. Pasa y pasa y al rato seremos historia. Los que vivimos ahorita, los de mañana y así sucesivamente.
                                   

Si pudiéramos medir en horas reales nuestra vida, nos preocuparía y mucho todo y todos. Nos daríamos cuenta de lo que hemos hecho bueno y malo, de lo que tenemos y ya no tenemos, de los amores y desamores, de los ratos tristes y alegres, de las depresiones y las emociones, de lo material y lo espiritual, de la soledad y la compañía, de nuestros logros y fracasos. Realmente es bueno mirar hacia adentro de esta casa humana que somos nosotros. Qué parte de la humanidad somos; cuántas cosas materiales poseemos y cuántas queremos acumular (aún más); cuánto poder tenemos y cómo lo ejercemos; cuánto nos aprecian o cuánto nos odian; qué vamos a dejar de herencia al morir y no sólo bienes inmuebles o muebles, sino herencia de amor….¿cuánto?

Nos urge aprovechar esta hora que pasamos por este mundo nuestro tan revuelto, tan carente de sentido para muchos y enderezar el rumbo por si lo hemos perdido. ¡Urge y mucho!

martes, 16 de julio de 2013

Hablando de esclavitud.........


Cuando hablamos de esclavitud siempre nos imaginamos a un montón de gente de raza negra sirviendo a sus amos, como antiguamente se usaba por allá en tiempos del presidente Lincoln. Pero ahora nos referiremos a la esclavitud personal, a aquella que todos hemos experimentado y que aún miles de personas no saben que son esclavos de ellos mismos.

Esclavitud la mayoría de las veces, de nuestros propios vicios. Dicen que todo lo malo y lo bueno viene de adentro de nosotros mismos. Si es así, entonces ¡qué malos somos! Y siempre nos la pasamos echándole la culpa a los demás. Si Pedro X tiene más que yo, es una injusticia….¿porqué él y no yo? Si Juan X se sacó la lotería ¿porqué él y no yo? Si José X es más guapo y tiene más suerte con las chicas ¿porqué él y no yo? Si el vecino tiene sus puerquitos más gordos ¿porqué él y no yo? Tenemos ojos para mirar siempre enfrente, atrás y a un lado de nosotros, pero no los tenemos para salirnos de nuestra mente y vernos a nosotros mismos. Vemos con avaricia, con envidia, con coraje a aquellos que tienen más suerte que nosotros o más que nosotros.                           
                                    

Todo esto me viene a la mente después de que leí un libro que me impresionó mucho. Lo recomiendo ampliamente. Se trata de “El Esclavo” de un autor bastante conocido. En él, el autor relata todo el bien perdido de una persona que lo tuvo todo y lo perdió casi todo por soberbio, ignorante, egoísta y vanidoso. El final es muy bueno y muy constructivo. Apto para adolescentes sobre todo, pero también muy recomendable para muchos de nosotros que no hemos aprendido a valorar lo que tenemos. En especial, el don de la libertad. Libertad para elegir lo bueno; libertad para elegir la bondad, la justicia, la honradez y con ello, la felicidad. Libertad para amar y ser amados. Eso sí que es un don.